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alto palmaritoAlto de Palmarito

Está ubicado a 20 Km del poblado de Palenque y rodeado de cuatro pequeñas comunidades. Entre frondosos árboles de sombra y plantaciones de café se encuentra el obelisco erigido al Mayor General Flor Crombet, construido por Eugenio Sanfélix e inaugurado el 10 de Abril de 1926.

Es de base rectangular y sobre él se eleva un triángulo finalizado en estrella, donde se lee: Aquí cayó el General Flor Crombet, valiente entre los valientes, el 10 de Abril de 1895, la patria adolorida por siempre llora su desaparición y el pueblo yaterano le eleva esta humilde ofrenda.

 El primero de Abril de 1895 se había producido por Playa Duaba el desembarco de la expedición mambisa dirigida por Flor Crombet, e integrada por los Maceo y otros patriotas. Luego de librar combate y de una larga persecución por la zona de Baracoa, los expedicionarios se internaron en las montañas yateranas y en La Alegría fueron víctimas de una celada tendida por las tropas españolas.

Se dividieron en tres grupos: Flor Crombet y José Maceo llegaron el día 10 de abril al Alto de Palmarito y comenzaron a bajar por un camino en zigzag, de los construidos a principios del siglo XIX por los colonos franceses. Vieron venir a los soldados españoles en dirección opuesta y se produjo el combate donde cae herido de muerte Joaquín Sánchez, pero al ir a auxiliarlo Juan Fustiel fue derribado de un balazo.

En aquel aciago momento llegó Flor Crombet y abrió fuego contra los soldados que estaban cerca, pero cayó con el cráneo destrozado de un balazo.

sala casa boti 1Casa Natal del historiador y poeta Regino Eladio Boti

En la calle Bernabé Varona, entre  Pedro A Pérez y Martí (Vizcay entre Concha y Majón antes de 1898), el transeúnte tropieza a diario con la fachada de la casa natal de Regino E. Boti Barreiro, el más grande intelectual guantanamero de todas las épocas.

El inmueble declarado Monumento Local en 1978,  en ocasión del centenario del poeta, fue construido en la segunda mitad del siglo XIX por su abuelo, el inmigrante catalán Gaudencio Boti, uno de los fundadores de la Villa del Guaso.

Es un modelo de vivienda extendido en las pequeñas ciudades del interior del país, de una sola planta, con un pequeño portal sostenido por postes de madera (hoy urgido de atención) con patio y traspatio, como se reseña en el libro Casas de la Vieja Cuba, de la licenciada Lilian Llanes, texto enriquecido con fotografías de Jean-Luc de Laguanigue, que reproducen el interior de la magnífica obra arquitectónica tocada con mobiliario de la época y decoración propia de las tradicionales familias cubanas.

El hogar del poeta era de la misma índole,  tradicional, en cuya mesa, durante la comida y el almuerzo, estaba prohibido hablar de política u otros temas ajenos a la familia, según confesó al periodista poco antes de su deceso Florentina Regis Boti León, hija del bardo guantanamero.

Llanes, en su prontuario arquitectónico, recalca que el diseño de los pisos, en forma de tablero de ajedrez, tan frecuente en las grandes mansiones señoriales, también se utilizó en viviendas como ésta, y en otras pequeñas ciudades del interior del país.

Cita la cama de hierro forjada con aplicaciones decorativas que comúnmente era importada por las familias trinitarias en el siglo XIX, las mamparas del siglo posterior, “puertas a la vez funcionales y decorativas (que) se convirtieron en los elementos indispensables en las edificaciones de la época”.

Una rara y tal vez intencionada omisión trasluce Casas de la Vieja Cuba: la biblioteca, elemento común en las edificaciones de una clase social que no pecaba de falta de instrucción, y que en el caso de la vivienda que nos ocupa, llegó a atesorar uno de los más copiosos archivos personales del país.

Entre los valiosos documentos contenidos en el sitio natal del autor de Arabescos Mentales, figuran unos 60 mil libros –muchos autografiados-, más de tres mil manuscritos de poemas inéditos y cerca de 20 mil cartas, entre ellas las cruzadas por Boti con Nicolás Guillén, Juan Marinello y su alter ego y amigo, el poeta santiaguero José Manuel Poveda.

Se suman a esa valiosa papelería  más de 700 acuarelas, millares de anotaciones y bocetos de pintura, documentos históricos, una monografía sobre Guantánamo y un ensayo sobre Julián del Casal (ambos inéditos),y  nutrida colección de periódicos y revistas literarias, que no constituyeron lujo ni esnobismo, pues la mayoría refleja la huella –dobleces en páginas o apuntes- del calor con que prohijó ese acervo, aquel cuya poesía, según Roberto Fernández Retamar, fue una de las pocas felicidades de la falsa República.

Creado a la vera de la vetusta casona, se yergue el Centro de Arte y Literatura Regino Eladio Boti Barreiro, adonde ha ido a parar, para ser consultado y conservado, parte de ese caudal  literario y de las artes plásticas, del  cual se enorgullecen los habitantes de la región cubana más oriental. (Tomado de ACN)

Cafetal la indianaEl Cafetal La Indiana

Situado en la parte noroeste de la provincia Guantánamo, el 4 de Agosto de 1871 este sitio sirvió como escenario de lucha al General Máximo Gómez después de avanzar hasta Limonar de Monte Ruz (Monte Toro).

Dejada la impedimenta con la mitad de la fuerza y con la otra, dividida en dos columnas, marchó sobre los cafetales. La Indiana fue el único campamento militar de la zona, donde se almacenaban pertrechos de guerra para el abastecimiento de las fuerzas defensoras de la zona cafetalera.

Con el objetivo de desestabilizar al enemigo ordenan tomar el campamento al Teniente Coronel Cortés, pero en la primera embestida cae muerto y lo sustituye el Comandante José Maceo, quien más tarde es herido y apresado por los enemigos.

Gómez ordena la retirada y Antonio Maceo expresa la necesidad de rescatar a su hermano por lo que toma el mando de las fuerzas, cortan alambradas, incendian el campamento y ocasionan la muerte a casi todos sus defensores. Es así como rescatan a José Maceo.

El combate de La Indiana fue de gran importancia. La invasión a la jurisdicción de Guantánamo quedó señalada para la historia con el asalto al Cafetal La Indiana.

Aún el cafetal produce y allí permanecen las ruinas de la casa principal con sus secaderos de café y los barracones, como mudos pero elocuentes testigos de la cultura industrial francesa relacionada con el proceso del café.

Catedral Santa Catalina de Riccis Parque Jose Marti GuantanamoCatedral Santa Catalina de Ricci y el parque José Martí

La primera iglesia católica de la ciudad se yergue en los terrenos donados para ese fin por Don Pedro Manuel Pérez y Lorenzo Jay en 1833, debido a las peticiones que hacían los pobladores de la entonces villa de El Saltadero para tener su templo.

La construcción del primer templo (génesis del actual) se inició en 1837 y se terminó cinco años después, pero la corta durabilidad de los materiales constructivos utilizados obligó a que en 1863 se iniciara otro edificio en el propio sitio, pero esta vez con materiales fuertes y duraderos.

La obra concluyó en 1864 con similar apariencia a la que hoy posee la catedral. Esta obra posee una planta rectangular compuesta por tres naves, definida por gruesos muros perimetrales que sirven de cierre al exterior y asiento al techo.

 La edificación asimiló claramente los patrones neoclásicos del siglo XIX, manifestado, entre muchos, por la simetría, limpieza y austeridad de sus portadas.

En el centro de la edificación y justo encima de la antesala de la nave principal se alza la torre campanario de tres niveles. Los tres accesos principales al templo se ubican en la fachada principal o norte, rematadas por arcos de mediopunto, junto a una platabanda lisa o enmarque que los bordea hasta finalizar, uniéndose con el friso del zócalo.

Es también el acceso central, de los tres, el de mayores proporciones, flanqueado por un relieve que imita las pilastras estriadas adosadas a cada lado del vano, en la pared y con una cornisilla en su porción superior. Todo esto con la intención manifiesta de jerarquizarlo.

Junto a la iglesia primitiva, en el terreno restante del área se desarrollaron esporádicamente actividades militares de la corona española, hasta quedar convertida desde fines del siglo XIX en la Plaza de armas de la villa.

Desde los inicios de la República la alcaldía guantanamera transformó este espacio en un parque público y lo nombró José Martí. En 1902 se sembró una ceiba y se colocaron tarjas conmemorativas.

En 1928 se instaló la estatua en mármol blanco del Mayor General Pedro A. Pérez y se inició la pavimentación del espacio, junto a la incorporación de variados elementos urbanos y arquitectónicos como café, glorieta para músicos, bancos, etc.

En el centenario del natalicio de José Martí, este parque, devenido en principal espacio público citadino, fue objeto de raigales transformaciones realizadas. Entre los años de 1959 a 1960 la iglesia experimentó su mayor intervención a cargo del arquitecto Joaquín Sebares Acebal, con la asesoría histórica del Dr. Francisco Prats Puig, profesor de Historia del Arte en la Universidad de Oriente.

Se eliminó el primitivo techo de armadura de madera por uno de hormigón armado que imitó perfectamente las pendientes del anterior y sobre el que se colocaron las tejas criollas.

En el interior se le adicionó un espléndido techo de pares y nudillos, que imitaba los antiguos techos coloniales del siglo XVIII. De igual forma fueron trabajadas las puertas, ventanas, vitrales y el uso de balaustres de madera preciosa.

Estas acciones tenían como finalidad realizar una profunda restauración estilística, como las iglesias del siglo XVIII, que hubiera sido perfecta de no ser por el altar realizado con líneas modernas, propio de las ideas que recién salían del Concilio Vaticano II.

El espacio urbano en conjunto constituye un pulmón en el corazón de la ciudad. Sobresalen junto a la iglesia las variedades de árboles de siembra que engalanan el sitio, y las construcciones conmemorativas como merecido tributo a los próceres; esto, unido al quehacer cultural y social de que es parte indisoluble el parque José Martí, hoy declarado Monumento Local, convierten a este sitio en el corazón de la ciudad. (Tomado de Guía Patrimonial)

cafetales francesesCafetales Franceses, Patrimonio de la Humanidad

En los inicios del siglo XIX la inmigración de colonos franceses procedentes de Saint Domingue, con sus esclavos, generó una exuberante interrelación cultural con la población criolla.

Este fenómeno migracional se prolongó durante todo el siglo XIX con el consecuente aporte de nuevas manifestaciones culturales cuya trascendencia llega hasta nuestros días: la linguística y la oralidad, la danza, el arte culinario, la música, la religión, y la arquitectura se insertaron en la identidad guantanamera definitivamente.

Sus huellas representan patrimonio industrial y son monumentos de la Historia su arquitectura doméstica y funeraria, y su sistema productivo, que revelan la maestría tecnológica con que fueron concebidos.

Actualmente los cafetales franceses trascienden las fronteras guantanameras por haber sido declarados Patrimonio de la Humanidad. Están integrados por un conjunto de edificaciones agroindustriales que en un 95 % son del siglo XIX y en un 5 %, de principios del siglo XX, y poseen gran singularidad por sus características tipológicas como consecuencia del fomento y desarrollo de la caficultura en aquella época.

centro de Baracoa 1Centro Histórico de Baracoa, Monumento Nacional

Es el espacio urbano más significativo de la ciudad por sus valores históricos, arquitectónicos y ambientales. Presenta gran valor porque fue la primera villa fundada en Cuba por los colonizadores, por lo que fue declarada Monumento Nacional en el año 1978.

Mantiene su trazado urbano original y es la única villa que no cambió su enclave fundacional. Su fondo monumental urbanístico-arquitectónico, aunque deteriorado, es valioso en términos culturales como de uso y mantiene en buen estado constructivo el conjunto de fortificaciones militares.

Por su cercanía y por ser centro de áreas con grandes potencialidades naturales y de gran variabilidad territorial: montañas, playas, ríos y cuevas; Baracoa es poseedora de una imagen urbana coherente y valiosa que la distingue visualmente por el color rojizo de sus tejas, y por el diálogo con el azul del mar y el verde de las montañas.

Es marco físico de un ambiente cultural con costumbres y tradiciones ricas y variadas, de singulares características. Sus espacios públicos son los únicos en Cuba que poseen forma triangular, lo que la dota de una particularidad significativa.  

Sus principales arterias son las calles Martí y Maceo, esta última de mayor animación e intercambio cultural. El centro histórico ocupa un área de 24,8 Hectáreas que comprenden 22 manzanas y 23 medias manzanas, con una población de 2 204 habitantes y una densidad promedio de 3,9 habitantes por vivienda.

El centro histórico sirvió para que figuras como el Padre de la Patria (Carlos Manuel de Céspedes) se instalara durante su destierro, y Fermín Valdés Domínguez oficiara como médico de los pobres, para que Sindo Garay compusiera su Baracoesa, y para que Alejo Carpentier novelara con La Rusa y con el entorno maravilloso de su paisaje, insertado magistralmente en su libro La consagración de la primavera.  (Tomado de Guía Patrimonial)

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