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Inusual irrupción del querequeté en la ciudad de Guantánamo

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Al querequeté también se le conoce con los nombres de crequeté chico, crequeté, caracatey, cracatey y guaraiba.

Por Jorge Cantalapiedra Luque

Cada vez son mayores las evidencias científicas de que el cambio climático está modificando la ecología de las aves silvestres, fenómeno que actúa como un sistema de advertencia sobre los peligros que el recalentamiento global implica para la vida en la Tierra.

Con respecto al ciclo estacional del año, las primaveras suelen ser más tempranas y los otoños más tardíos por el aumento de las temperaturas que inducen cambios en la fisiología, períodos de reproducción y rangos poblacionales en algunas especies de alados.

Un ejemplo palpable de tales afirmaciones son las inusuales irrupciones de cientos de querequetés (Chordeiles gundlachii) en el espacio aéreo del Centro, Norte y el Sur de la ciudad de Guantánamo, durante el crepúsculo (atardecer-amanecer) y la noche en busca de alimentos.

Lo normal es que esas aves de hábitos nocturnos, pertenecientes a la familia Caprimulgidae, se arrojen sobre campos abiertos, pastizales, pinares, sabanas y bordes de bosques costeros, cazando insectos en el aire con su gran boca erizada, según revela una investigación realizada durante los años 2014 y 2017 por especialistas de la Unidad provincial de Servicios Ambientales Alejandro de Humboldt (UPSA).

El biólogo Gerardo Begué Quiala, subdirector de esa entidad adscrita a la delegación provincial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, explicó a Venceremos que las pesquisas se dirigieron a descifrar probables causas de los incrementos de las acciones de esas aves sobre el “techo” de la sexta ciudad más poblada de Cuba y profundizar en el estudio de su ecología.

“Los principales métodos utilizados fueron los avistamientos, conteos, escucha de las vocalizaciones y entrevistas a personas que fungen como vigías en diferentes puntos citadinos”, señaló el investigador.

Subrayó, además, que resulta complejo explicar científicamente el desacostumbrado comportamiento de los plumíferos porque las causas podrían ser multifactoriales para que se estén adaptando a “forrajear” en un ambiente con luz y claridad.

Comentó también sobre la posibilidad de que la especie se esté desplazando por las altas poblaciones de la entomofauna (grupos insectiles) atraídas por la fotofilia o fascinación por las luces del alumbrado público de la ciudad.

“En algunos lugares se acumulan cientos de miles de polillas (mariposas nocturnas), fuente de alimentación para esa especie de ave no amenazada de extinción o declinación poblacional confirmada”, resaltó Begué Quiala.

Conozca a la Chordeiles gundlachii

Hayler María Pérez Trejo, investigadora agregada de la UPSA, destacó que la Chordeiles gundlachiies “es un ave de pequeño y mediano tamaño, con pico pequeño y patas cortas. Puede medir hasta 22 centímetros de longitud.

“Tiene grandes ojos que reflejan la luz en la noche. El tamaño de su boca no es apreciable, pero al alimentarse se observan largas vibrisas (pelos rígidos) que le sirven para capturar sus presas en pleno vuelo. Su color es negruzco en la parte superior, listado de blanco parduzco con tono ocre y la garganta blanca.

“Acostumbra a pasar el día posado en una rama o algún otro sitio, casi de forma inmóvil. Frecuentemente vuela al atardecer sobre campos y costas, y persigue con su canto monótono a cuanta persona se mueva por esos lugares.

“Prefiere zonas y sitios abiertos para realizar el vuelo y otras funciones fisiológicas y ecológicas. No se deja ver fácilmente, pues se camuflajea muy bien en la vegetación. Llama la atención su sonido característico al volar muy alto al amanecer y oscurecer.

“Es un pájaro migratorio que no nidifica, sino pone sus huevos de color jaspeado en lugares donde se acumulan piedras y otros objetos para camuflarlos. Gatos salvajes, gavilanes, lechuzas y ratas son algunos de sus depredadores naturales.

“Se trata de un excelente controlador biológico que reporta muchos beneficios al ser humano, pues convive con especies residentes permanentes en Cuba, donde comparten espacio y alimento e intervienen en los procesos que garantizan el equilibrio de los ecosistemas.

“El querequeté contribuye a regular las poblaciones de insectos, sobre todo aquellos que son plagas para los cultivos, vectores y reservorios de enfermedades. Por ello recomendamos a la población no preparar trampas, pues como mascota no sobrevive al cautiverio”, concluyó Pérez Trejo.

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