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Retorno a la normalidad por la autopista de la precaución

0 cubanspdLa COVID-19 tiene ahora en Cuba un punto a favor de la negligencia, pues su invisibilidad se combina con las cifras de contagio detenidas en muchas provincias; sin esos titulares locales de la pandemia envuelta en números alarmantes, se genera un clima de confianza tan riesgoso como la propia enfermedad.

El virus parece ensañarse con La Habana. Tal vez ahora cualquiera suponga que la realidad capitalina es algo ajeno a la posibilidad de que el SARS-CoV-2 vuelva a tocarnos de cerca; hay quien, tal vez, considere los kilómetros como una valla imposible de saltar por el virus, mas se equivoca.

Un lamentable suceso informado por el diario Granma, el 19 de mayo, reveló el incumplimiento de los protocolos de seguridad establecidos en la provincia de Villa Clara, lo que se tradujo en cinco casos positivos en ese territorio -luego de varios días sin reportar ninguno- debido a una inoportuna visita familiar que llegó desde La Habana, sin ser detectada ni pesquisada.

Lo anterior demuestra que la distancia del actual foco ubicado en el capital, para nada representa algo que deba asumirse con despreocupación, especialmente cuando a pesar de que en el país se ha limitado la transportación interprovincial todavía viajan personas, y aunque hay mecanismos de control establecidos, la posibilidad de que el virus entre a Guantánamo es real.

Ya hay más de 11 mil multas impuestas en la provincia por el uso incorrecto del nasobuco, pero todavía algunos parecen ajenos al peligro de no llevarlos y se confían para descansar de ellos incluso en las colas, a pesar del riesgo que estas suponen, sin comprender que, aunque estemos obligados a formar parte de ellas en algún momento, lo más sensato es asumirlas con responsabilidad.

El estudio de prevalencia y seroprevalencia aplicado en Cuba diagnosticó en su primera fase casos positivos del virus en provincias como Las Tunas, La Habana y Pinar de Río, si reparamos en el hecho de que tales resultados se obtuvieron con pruebas practicadas a personas seleccionadas al azar, sería casi como ver al SARS-CoV-2 burlándose de las imprudencias de quienes lo subestiman.

Los deseos de volver a la normalidad no pueden ganarle a la precaución, incluso cuando el país transita en 14 provincias y el municipio especial de Isla de la Juventud por la fase primera de recuperación, el retorno a la cotidianidad de la vida hay que hacerlo con cautela. Corea del Sur, por ejemplo, tuvo que cerrar más de 200 escuelas a pocos días de que el Gobierno permitiera el regreso de los estudiantes, nuestras conductas podrían salvarnos de una realidad parecida.

El peligro todavía no abandona el país, y duele ver cómo muchos padres -quienes tal vez fueron de los que pidieron en redes sociales el cierre de escuelas y detener la entrada de extranjeros a Cuba- hoy le permiten a sus hijos jugar en la calle, por demás, sin nasobuco, episodios igualables a la etapa vacacional, muy distantes del aislamiento social exigido.

La nación retorna paulatinamente a la normalidad, rutina que nos arrebató la pandemia, pero es un proceso que avanzará al ritmo de la precaución, y cuya velocidad también depende de cómo tomemos el timón hacia ese regreso con nuestro accionar, para no chocar con baches que interrumpan la marcha.

Tomado del Períodico Venceremos

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