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Tula, la del Guiñol

tulaEl carácter sencillo y pausado de Gertrudis Campos Bernal hace que apenas destaque cuando está fuera de escena. Quizás porque prefiere dejarlo todo en las tablas y que sea su obra su carta de presentación ante la sociedad.

Algunos la conocerán por ese dueto armonioso que logra con su esposo Emilio Vizcaíno Ávila, perfectamente acoplados en el manejo de las marionetas, al cantar, al mirarse o retar al público; pero ya sea en Suite cubanísima para títeres (2016), Gotas de mar (2019) o CeronoSer (2019), creaciones recientes de estos titiriteros, la obra de Tula, como muchos la conocen, va más allá de la puesta en escena que al final vemos.

Tras 35 años de vida artística, consagrados por completo al Guaso, Venceremos se acerca al quehacer de la artista, nominada al Premio Provincial de Teatro La Selva Oscura.

Vocación de actriz

Gertrudis es de origen campesino, nativa de Purialito, Media Luna, en el municipio de El Salvador. La familia, carente de formación artística profesional, cultivaba la música como suerte de pasatiempo. Allí nació parte de su vocación, esa que al llegar a la escuela finalmente entendería.

“En la primaria siempre recitaba poesías en los actos y actuaba en matutinos con obras como El mambisito era de ley, Los zapaticos de rosa y otros textos para ayudar en la comprensión de mis condiscípulos.

“Luego estuve becada en la secundaria y el preuniversitario, y jamás renuncié a mi pasión. En el pre, motivada por los instructores de arte, me sumé a un grupo en el que cantaba, tocaba maracas, claves y también montamos La Fablilla del secreto bien guardado, de Antón Chéjov, que presentamos en varias escuelas.

“En una ocasión estaba de pase cuando vi la actuación del Guiñol Guantánamo en la Casa de Cultura, y me enamoré de ellos; por eso al terminar duodécimo grado, me fui a Guantánamo para inscribirme en el curso emergente de instructores de arte, en el cual matriculé sin decirle nada a mi familia. Fueron seis meses de estudio y trabajo.

Así iniciaría Tula su camino actoral, de la mano de los profesores José Ramón Paniagua, Fernando Salazar, Pedro Duarte, Santa García, e influenciada por el arte de agrupaciones como Cubana de Acero, el Lírico y Musical de La Habana, y las figuras de Pedro Rentería y Beltort Brecht.

“Concluido el curso me enviaron por dos años a cumplir el Servicio Social en el poblado salvadoreño de El Lechero, allí hay un grupo portador de teatro campesino, el único en la provincia y el país: el Lino de las Mercedes. Tenía 19 años acabados de cumplir y empezaba los días más maravillosos de mi vida.

“Al principio todo fue complicado, debía convivir en el pueblo, compartir con ellos, conocerlos dentro y fuera de la escena, yo no iba a dirigirlos, solo era la asesora, pero tenía que saber mejor que nadie de mi trabajo y dominar el rol de todos. Mas la gente del campo es humilde y bondadosa, así que enseguida entramos en confianza y escucharon cada una de mis sugerencias.

“Nos reuníamos en la tardes y noches, porque los campesinos trabajaban por el día. Ellos presentaban las ideas de cuanto querían hacer y yo hacía las observaciones, ayudaba en el montaje, y el aprendizaje era mutuo. Realmente estuve un año y medio en El Lechero, pero fui feliz, recogiendo café, montando en mulos, riendo… allí creé, disfruté y tuve recuerdos que conservo cual tesoro.

“Estuvimos en Jornadas Cucalambeanas, en Las Tunas, de gira por Santiago de Cuba y por municipios de acá como Imías, San Antonio del Sur; precisamente sobre el Lino de las Mercedes hice mi de tesis de graduación para exaltar el valor y peculiaridades del conjunto, que enorgullece y prestigia al Alto Oriente Cubano por contar la realidad inmediata del campesinado”.

Puertas abiertas al Guiñol

Si el año 1985 marcó la entrada de Gertrudis al sector cultural como instructora de arte en la comunidad El Lechero, 1987 define lo que sería la razón de vida de esta gran mujer, fundadora, además, de la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa, evento comunitario con tres décadas de existencia.

“Estaba con el Lino… y me enteré de la prueba para nuevos actores que convocaba el Guiñol; sin dudarlo me presenté. Siempre había sentido afinidad por el teatro infantil, los muñecos, y aunque el examen, como siempre, estuvo riguroso, al final entré al conjunto. Tres años después llegaría la Cruzada Teatral, y allí sí que hubo que trabajar el doble, había que amar el teatro.

“El grupo desde el inicio y hasta hoy ha sido mi escuela; nos entrenaron con todas las técnicas conocidas para manejar marionetas, nos enseñaron los repertorios más antiguos para que los montáramos como nuestros. Muchas veces me veía haciendo una obra que admiraba de Maribel y me llenaba de orgullo. Aprendí a manipular títeres, cometí errores, reí, lloré, crecí…

“Obras como Los novios, Las mil y una noches guajiras, de Rómulo Loredo; Comino y Pimienta; Guiso de Conejo… serán parte de mí siempre, incluso hoy, que me toca pasarle ese repertorio a nuevas generaciones.

Junto a su Grupo Guiñol, Tula viajó a lo largo del país, estuvo en festivales teatrales y el afán creativo la llevó a explotar otras facetas.

“Con el comienzo del Periodo Especial se redujeron plantillas y dejamos de contar con vestuarista para la muñequería del conjunto. El teatro, además, estaba en reparación y queríamos seguir trabajando, entonces decidí comenzar a elaborar ropas para mis personajes y me tocó innovar, porque no había tela. Nació así el Grillo Caminante (compilación de cuentos de Había una vez).

“Los diseños gustaron, y a mí me fascinó la idea, me permitía soñar una parte vital de la obra. Vestí a los protagonistas de Un cangrejo en apuro, La Calle de los Fantasmas -mi primera gran producción-,El Retablillo de Don Cristóbal, Los Bailes del Deseo, y desde entonces todas las obras montadas aquí, incluso las realizadas con Emilio, que es muy exigente, y eso me gusta.

Fiel discípula del maestro Armando Morales, Tula actualmente se mantiene en activo, incluso en medio de la contingencia de la COVID-19, ella junto a su compañero Emilio Vizcaíno prepara nuevos proyectos; educa a su hija María José, una niña que ya muestra dotes de actriz, y cumple las labores de casa, sin caer en la monotonía, tratando de hacer de esta vida su mejor escenario.

Tomado del Períodico Venceremos

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